JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM
El Halftime Show de Bad Bunny en el Super Bowl no solo generó conversación en redes por su música y puesta en escena. También provocó una reacción inesperada desde el terreno político. Donald Trump calificó el espectáculo como “una ofensa a la grandeza de América” y cuestionó tanto el idioma como el baile del artista.

Según declaraciones que circulan públicamente, Trump aseguró que “nadie entiende una palabra” de lo que canta Bad Bunny y que su presentación no representa los estándares de éxito, creatividad o excelencia que, a su juicio, definen al país. Hasta el momento, no hay confirmación oficial de que estas palabras formen parte de un comunicado institucional, pero sí se han difundido ampliamente como su postura personal.

Más allá de la figura de Trump, la reacción pone sobre la mesa un choque que lleva años gestándose: la cultura pop latina ocupando espacios históricamente dominados por una visión anglosajona del entretenimiento. Bad Bunny, cantando en español y bailando desde códigos culturales propios, no buscó traducirse ni adaptarse. Y eso, precisamente, es lo que incomoda.

Porque cuando alguien dice que “no tiene sentido” o que “no representa a América”, la pregunta no es sobre el show, sino sobre qué América se está defendiendo. El Super Bowl, quizá sin quererlo, se convirtió en un escenario donde se cruzaron identidad, idioma, poder y nuevas formas de éxito.

Al final, Bad Bunny hizo lo que suele hacer: presentarse sin pedir permiso. Y la reacción de Trump terminó confirmando que la cultura pop no solo entretiene, también expone las grietas de quien se siente desplazado por ella.