JOAB APAEZ ESTRADA / 91.5FM
Mientras Hollywood suele mostrar la fama como un sueño dorado, Kieran Culkin ofrece una mirada mucho más honesta y cruda sobre lo que significa crecer bajo los reflectores. El actor, conocido por Succession, habló recientemente sobre la experiencia de su hermano mayor, Macaulay Culkin, y dejó en claro que la fama temprana no siempre es sinónimo de felicidad.

Macaulay alcanzó el estrellato mundial con Mi pobre angelito cuando apenas tenía 9 años. Para el público, era el niño perfecto de Hollywood. Para su familia, en cambio, fue una etapa marcada por la presión, la pérdida de privacidad y situaciones difíciles de manejar para alguien tan pequeño.

Kieran fue contundente al hablar del tema: explicó que vivir la fama a tan corta edad puede resultar abrumador y hasta peligroso. Según él, ver cómo multitudes perseguían a su hermano por la calle no tenía nada de divertido ni glamoroso. Al contrario, fue una experiencia que le dejó una enseñanza clara: la fama no es algo que deba buscarse, especialmente cuando se trata de niños.

Sus palabras reabren un debate cada vez más presente en la industria del entretenimiento: ¿hasta qué punto es sano exponer a menores a la presión mediática? Hoy, cuando las redes sociales amplifican la exposición pública, el testimonio de Kieran Culkin resuena con más fuerza que nunca.

Lejos de idealizar el éxito precoz, el actor invita a reflexionar sobre el costo emocional que puede tener crecer sin una vida normal, recordándonos que detrás de cada estrella infantil hay una persona que todavía está aprendiendo a serlo.