El paso de la banda de K-pop por la capital transformó al ARMY en un actor político involuntario y dejó en evidencia el enorme alcance cultural y económico del fenómeno surcoreano.

“No debemos politizar la visita de BTS. No lo debemos hacer porque no tiene ese sentido”, declaró esta semana la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, sus palabras llegaron en un contexto en el que el Gobierno mexicano ya se había visto involucrado, de distintas maneras, en la visita del grupo surcoreano al país.

Sheinbaum incluso habría intervenido previamente mediante una carta dirigida a su homólogo, en la que se buscaba facilitar o respaldar aspectos relacionados con la presencia del grupo en territorio nacional. Este hecho reflejó el nivel de atención institucional que generó el fenómeno, más allá del ámbito del entretenimiento.

La situación ha abierto un debate sobre el impacto cultural y mediático de BTS, cuya llegada moviliza a millones de seguidores y tiene repercusiones no solo en el ámbito musical, sino también en lo social y económico, convirtiéndose en un tema de conversación que trasciende el espectáculo.