Entre retrasos, confusiones, imitadoras en lágrimas y un susto post-concierto, la visita de la colombiana fue todo menos tranquila.
La llegada de Shakira a la capital mexicana fue todo menos tranquila. Aunque miles de fans vibraron con sus conciertos en el Estadio GNP Seguros, su visita estuvo marcada por momentos que dieron mucho de qué hablar. Entre retrasos, deslices y hasta un presunto secuestro tras su show, la cantante colombiana dejó una estela de controversia que aún resuena.

Todo comenzó con un retraso de más de dos horas en su primer concierto, lo que desató frustración entre los asistentes. La barranquillera se disculpó en pleno escenario, explicando que no estaba enterada del horario que aparecía en los boletos. El gesto calmó las aguas, pero no evitó la lluvia de críticas en redes.
A eso se sumó un error geográfico de proporciones épicas cuando, durante su presentación en Guadalajara, saludó efusivamente con un “¡Buenas noches, Monterrey!”. El momento fue incómodo pero terminó entre risas, y la artista lo atribuyó al cansancio y a las múltiples fechas de su gira.

Uno de los episodios más sonados fue el drama con Rebecca Maiellano, mejor conocida como “Shakibecca”, una imitadora venezolana que ganó la oportunidad de acompañarla. A último minuto, fue alejada del escenario por su gran parecido con la cantante, algo que terminó en lágrimas, declaraciones públicas y, tristemente, amenazas de muerte contra la imitadora. Días después, Shakira la invitó a caminar a su lado, tratando de suavizar la polémica.

Otro momento que encendió los titulares fue el encuentro con Belinda, quien entregó un ramo de flores a Shakira antes del último show. Algunos interpretaron que la colombiana la “barrió” con la mirada, un gesto mínimo que bastó para alimentar rumores de tensión entre las dos artistas.

Y por si fuera poco, la seguridad fue tema serio: tras uno de los conciertos, un joven denunció haber sido secuestrado y golpeado al salir del recinto. A la par, se reportaron más de 40 detenciones por reventa de boletos y posesión de drogas, encendiendo las alarmas sobre lo que ocurría fuera del espectáculo.
A pesar de todo, Shakira logró lo que pocos: llenó estadios, emocionó a sus fans y, al mismo tiempo, encendió la conversación nacional. Entre luces, música y controversias, su paso por la CDMX demostró que sigue siendo una figura poderosa, carismática… y, como siempre, imposible de ignorar.
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