En un mundo donde las celebridades suelen corregir, aclarar o marcar distancia, Daniel Radcliffe volvió a demostrar por qué es uno de los actores más queridos de su generación. El protagonista de Harry Potter contó en una entrevista una anécdota tan simple como reveladora… y el internet lo aplaudió.

Un periodista le preguntó si era común que la gente en la calle le gritara:
—“¡Hey, Harry Potter!”
Daniel, entre risas, respondió que lo curioso no es eso, sino cuando ni siquiera lo reconocen bien. Según relató, hace poco un hombre le gritó desde su auto:
—“¡Elijah, te adoro!”
En lugar de corregirlo, Radcliffe simplemente sonrió y contestó:
—“Gracias, que tengas un buen día”.

Luego explicó su lógica: ¿para qué arruinarle el momento a alguien? Para esa persona, fue una interacción linda, espontánea y positiva. Corregirlo no iba a aportar nada, especialmente si no era realmente un fan suyo o no conocía su trabajo más allá de una referencia rápida.

Esta actitud resume perfectamente la etapa actual de Daniel Radcliffe: lejos del ego, cómodo con su legado y consciente de que la amabilidad cotidiana también es una forma de grandeza. Sin hechizos, sin capas… solo empatía.