Una de las historias más comentadas en redes esta semana tiene como protagonista a Ashley St. Clair, la madre de uno de los hijos de Elon Musk. La influencer y escritora presentó una demanda contra la empresa de inteligencia artificial de Musk, xAI, acusando que su chatbot Grok generó y difundió imágenes sexualmente explícitas de ella sin su consentimiento, incluso utilizando fotos suyas cuando era menor de edad.

Según la demanda presentada en un tribunal de Nueva York, el sistema de IA alteró artificialmente fotografías para mostrar a St. Clair “desnuda” o con ropa provocativa, a petición de usuarios, a pesar de que ella había solicitado expresamente que su imagen no fuera utilizada ni modificada de esa manera.

La denuncia también incluye que después de que St. Clair pidió que las imágenes fueran eliminadas y expresó que no había dado su consentimiento, la plataforma habría tomado represalias contra ella al desmonetizar su cuenta en X, quitarle la verificación azul y cancelar su suscripción premium.

Este caso ha generado un intenso debate sobre los riesgos de las deepfakes y la IA generativa, especialmente cuando implican contenidos íntimos, y ha llevado incluso a que la propia plataforma anuncie nuevas restricciones para impedir que Grok genere imágenes no consensuadas de personas reales.