Victoria Ruffo volvió a abrir su corazón y habló sin filtros sobre uno de los capítulos más sensibles de su vida: la crianza de su hijo José Eduardo y la ausencia de Eugenio Derbez durante su infancia. Lejos de buscar polémica, la actriz dejó claro que su dolor nunca fue personal, sino profundamente maternal.

Para Ruffo, la verdadera herida estaba en las ausencias intermitentes. Explicó que la presencia esporádica de un padre puede ser más confusa y dolorosa para un niño que una ausencia clara, ya que genera ilusión y luego abandono. “Todo el avance emocional que lograba con mi hijo se venía abajo”, confesó, refiriéndose al impacto que estas apariciones tenían en el pequeño.

La actriz señaló que ella no buscaba un “papá de visita médica”, sino uno comprometido con lo cotidiano: las tareas, las enfermedades, las llamadas nocturnas y los momentos simples que construyen un vínculo real. Reconoció que Eugenio, en ese momento, no estaba preparado ni tenía el deseo de ejercer la paternidad.

Con el paso del tiempo, Victoria reconoce el cambio del comediante, especialmente al verlo tan presente con su hija menor. Aunque celebra esa evolución, también señala que la historia con los hijos mayores fue distinta. Aun así, asegura no guardar rencor y afirma que su mayor tranquilidad es haber permitido que su hijo sacara sus propias conclusiones sin manipulación ni resentimientos heredados.

“Los hijos crecen, observan y entienden”, dice Ruffo, convencida de que la verdad siempre encuentra su camino. Hoy, José Eduardo conoce la historia completa, con luces y sombras, y eso le da a su madre la paz que tanto defendió.