JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM

Bad Bunny no solo actuó en el Super Bowl LX. Lo possibilitó.
En una noche vista por más de 128 millones de personas, el puertorriqueño convirtió el halftime show en una narrativa de identidad, cultura y unidad que va mucho más allá de la música.

La presentación tenía todo menos neutralidad: desde abrir con su hit “Tití Me Preguntó” en medio de una escenografía que evocaba un campo de caña de azúcar hasta invitar a leyendas como Lady Gaga y Ricky Martin para versiones especiales de canciones que resonaron con su historia personal y la de toda una comunidad.

Más que hits, el show se construyó como un paseo por escenas de la vida —pavías, boxeadores, casitas, vendedores de piragua— que llevaban el corazón de Puerto Rico y la diáspora latina al centro de un estadio de fútbol americano. En un cierre simbólico, Bad Bunny alzó un balón con la frase “Together, We Are America”, gritó “God Bless America!” y mencionó países del continente, subrayando unidad y diversidad.

Artistas invitados no solo aportaron estrellas: añadieron capas de significado. Lady Gaga cantó salsa con él, Ricky Martin apareció con un clásico, y celebridades de distintos ámbitos bailaron y celebraron junto a Bad Bunny, haciendo de la noche una ceremonia colectiva más que un simple concierto.

Para muchos, esta actuación no fue solo entretenimiento. Fue una declaración visual y musical de que el idioma no limita el impacto global, que cultura no es accesorio, y que el escenario más visto del año puede ser también el más inclusivo.

No todos lo recibieron igual —hubo críticas y debates sobre representación y contenido— pero quizás precisamente por eso este halftime show no se va a olvidar pronto.