Entre risas, caos y verdades incómodas, el escenario se convirtió en espejo de nuestra propia realidad

La sala Silvestre Revueltas de la Facultad Popular de Bellas Artes de la UMSNH fue testigo de un viaje escénico totalmente fuera de lo común con la presentación de El buque de la desolación, una obra que no solo rompe la cuarta pared, sino también todas las reglas del teatro tradicional.

Bajo la dirección de Jaime Omar García Alfaro y con dramaturgia de Rodrigo Morales, esta propuesta de teatro del absurdo se lanzó a lo desconocido con personajes que parecen sacados de un sueño caótico: un ruso con pata de palo, una doncella francesa y un hombre catalán completamente desquiciado. Nada tiene sentido… y justo ahí está su poder.

La obra no busca respuestas claras, sino preguntas incómodas. Juega con el dilema entre la verdad y la mentira en el arte de actuar: ¿dice el actor la verdad del personaje o finge? Morales propone lo contrario: que el actor mienta, y así, el público se enfrente a su propia percepción de la realidad. Una provocación escénica que apunta directo al alma.

El elenco, integrado por estudiantes de la preparatoria PREFECO, se lanzó con valentía a esta travesía, incluso enfrentando el reto técnico de adaptar una obra pensada para teatro arena (de cuatro frentes) a un montaje frontal. El resultado fue una función irrepetible, como bien dijo su director: 
“La obra que vimos hoy no se volverá a ver mañana. Aunque sea el mismo elenco, mismo lugar y mismo público, nunca será igual.”

Y no fue fácil. El propio director admitió que nunca terminó de “decodificar” el texto. “No la entendí, pero supe que era buena… y decidí dejarme llevar”, confesó entre risas. Como docente de formación teatral en melodrama y tragedia, se aventuró a dirigir una pieza que desafía toda estructura, y salió de ahí con el corazón de un niño y la emoción de haber vivido algo único.

El buque de la desolación es risa, locura, crítica, caos, y reflexión. Es arte puro, sin filtros, sin moldes. Y, sobre todo, es un recordatorio de por qué el teatro sigue siendo un espacio vital para explorar lo humano desde todos sus ángulos, incluso (y especialmente) desde el absurdo.

El arte es parte de nuestra alma, y el teatro es uno de sus latidos más intensos.Que no se nos olvide: ver teatro es vernos a nosotros mismos en escena. Véanlo, vívanlo, apóyenlo.