JOAB APAEZ ESTRADA / 91.5FM

Desde afuera, la vida de Kendall Jenner parece sacada de un sueño: pasarelas internacionales, ropa de diseñador, portadas de revistas y viajes alrededor del mundo. Sin embargo, la supermodelo ha sido clara en algo que muchos prefieren ignorar: el éxito no siempre se siente tan brillante como parece.

Kendall comenzó a trabajar como modelo desde muy joven. Pertenecer a una de las familias más famosas del mundo le abrió puertas, y ella misma lo reconoce. Pero también ha sido firme al aclarar que mantenerse en la industria fue una responsabilidad personal, construida con disciplina, constancia y sacrificios silenciosos.

A los 16 años ya viajaba sola por el mundo, enfrentando castings, rechazos y largas esperas en habitaciones llenas de desconocidos. Mientras muchos veían lujo, ella vivía noches de soledad en hoteles, llorando por estar lejos de su familia, perdiéndose momentos importantes en casa y aprendiendo a madurar demasiado rápido.

“El glamour muchas veces se siente frío”, ha confesado en distintas entrevistas. Adaptarse a horarios imposibles, trabajar en ciudades desconocidas y cargar con expectativas enormes no fue fácil. Hubo momentos en los que dudó seriamente si todo valía la pena. La presión, la ansiedad y la fragilidad emocional también fueron parte del proceso.

Aun así, Kendall eligió seguir. Cada noche difícil se convirtió en una lección, cada sacrificio en un paso más hacia su sueño. Su historia recuerda algo importante: detrás de cada logro hay esfuerzos que no se ven, incluso en las vidas que parecen perfectas.

Hoy, Kendall Jenner no solo es una de las modelos mejor pagadas del mundo, sino también una voz que habla sin filtros sobre salud mental, privilegio y el costo real del éxito. Su mensaje conecta especialmente con jóvenes que persiguen sus sueños y descubren que el camino no siempre es tan fácil como lo pintan en redes sociales.