JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM
Hay momentos en las premiaciones que no están en el guion y que, justamente por eso, se vuelven inolvidables. Uno de ellos ocurrió cuando Chris Evans no pudo contener la risa al descubrir que Henry Cavill, sentado a su lado, estaba tranquilamente chingándose unas galletas en pleno evento.

La escena fue breve, pero perfecta. Trajes elegantes, cámaras en todos lados, rostros solemnes… y Cavill comiendo como si estuviera en una tarde cualquiera. Evans lo nota, lo procesa por un segundo y simplemente se quiebra de risa.

Lo mejor del momento no es solo la galleta, sino la reacción. Porque Chris Evans no actúa, no posa, no intenta disimular. Se ríe como lo haría cualquiera al cachar a su amigo haciendo algo completamente fuera de lugar… y por eso funciona.

Este tipo de escenas explican por qué ciertos clips sobreviven al paso del tiempo. Nos recuerdan que, detrás de los superhéroes, las alfombras rojas y los discursos ensayados, hay personas que también tienen hambre, se distraen y provocan carcajadas inesperadas.

Tal vez no ganó un premio esa noche, pero Henry Cavill se llevó algo mejor: un momento genuino que sigue circulando porque resume exactamente lo que amamos de la cultura pop cuando se baja del pedestal.