Antes de volver a casa tras su triunfo en los Premios Oscar con Moonlight —que ganó como Mejor Película en 2017— el director Barry Jenkins vivió una anécdota tan inesperada como divertida durante su visita a México: se topó con una copia “pirata” de su propia película en un puesto callejero en Yucatán.

La historia ocurrió cuando Jenkins paseaba cerca de las ruinas mayas de Uxmal y se detuvo en un mercado al aire libre para comprar fruta. Ahí, entre puestos de DVDs y películas no oficiales, descubrió en exhibición una copia de *Moonlight (con el nombre en español “Luz de Luna”) en formato pirata.
Con humor, el cineasta compartió una foto del momento en su cuenta de Instagram, sosteniendo la copia y escribiendo algo como “Mamá, ¡lo logramos!”, celebrando de forma irónica que su obra había llegado tan lejos que incluso aparecía en un pequeño pueblo de México.

Para Jenkins esto no fue motivo de enojo, sino más bien una señal del impacto cultural y alcance de su película. Moonlight no solo fue aclamada por la crítica y el público —ganando el Oscar a Mejor Película de 2017— sino que también inspiró conversaciones sobre identidad, comunidad e historias personales en todo el mundo.

Esta anécdota se ha vuelto famosa entre cinéfilos y fans, no solo por lo insólito del hallazgo, sino porque refleja cómo una obra puede viajar más allá de salas de cine y festivales, llegando incluso a lugares inesperados donde su mensaje resuena de maneras propias.