Por primera vez, astrónomos confirmaron una atmósfera en un planeta rocoso situado en la zona habitable de otra estrella, un avance clave en la búsqueda de vida más allá de la Tierra.

Encontrar planetas fuera del sistema solar -parecidos o casi iguales al nuestro- ha sido, en los últimos años, una de las grandes obsesiones de los astrónomos y, también, una ardua tarea de investigación y observación. 

Afortunadamente, gracias a la utilización de tecnología de punta –como los grandes telescopios que están desplegados en diferentes puntos de la Tierra y el espacio– han logrado hallarse, hasta el momento, 6,324 exoplanetas. 

De estos, la mayoría se encuentran a decenas, cientos o incluso miles de años luz, en nuestra propia galaxia, y no se sabe bien a bien si tienen atmósfera o no.

Sin embargo, pareciera que el mundo que habitamos no es tan especial como creemos (¿la vida sí podría ser especial?) porque, hace apenas unos días, un equipo internacional de astrónomos, encabezado por el Centro de Astrofísica de Harvard y del Smithsonian en Estados Unidos, anunció el primer descubrimiento confirmado de una atmósfera alrededor de un planeta rocoso ubicado en la zona habitable de otra estrella. 

El hallazgo resulta histórico y muy alentador desde el punto de vista de la búsqueda de planetas habitables debido a que -al parecer- estamos cada vez más cerca de encontrar algún mundo similar al nuestro.

El planeta en cuestión se llama LHS 1140 b y está a 48 años luz. Además, orbita una enana roja cuya luz tarda en llegar a la Tierra 48 años. Por lo tanto, lo que sabemos de este planeta y la estrella que lo hospeda sucedió hace más de 40 años (los astrónomos siempre están mirando hacia el pasado como consecuencia de que la luz se transmite a una velocidad finita: 300,000 kilómetros por segundo).

La evidencia de su descubrimiento proviene de la detección del helio que está escapando de su atmósfera cuando el planeta transita frente a su estrella.

Para lograr detectarlo, los investigadores utilizaron el espectro WINRED, instalado en el telescopio Magella/Clay, en el Observatorio Las Campanas (Chile). El helio ya había sido detectado en observaciones realizadas en 2024, aunque no apareció en las de 2025. Esto sugiere que la pérdida de atmósfera puede variar con el tiempo por razones que ahora se desconocen. 

De acuerdo con los autores, la detección de helio constituye una prueba directa de que el planeta ha logrado conservar una atmósfera; la presencia de esta última es un requisito para mantener agua líquida y quizá condiciones aptas para la vida.