JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM
“El dinero no puede comprar la felicidad” es una de las frases más repetidas —y discutidas— en la cultura contemporánea. Pero cuando quien la valida es Elon Musk, la conversación cambia de tono.

El empresario escribió: “Quien haya dicho ‘el dinero no puede comprar la felicidad’ realmente sabía de lo que estaba hablando”. La declaración, difundida en redes sociales, generó miles de reacciones casi inmediatas. No añadió mayor contexto ni explicación adicional, lo que dejó espacio para interpretaciones.

Musk ha sido durante años el rostro del éxito tecnológico extremo: Tesla, SpaceX, adquisiciones multimillonarias y una fortuna que lo ha colocado repetidamente entre los hombres más ricos del mundo. Por eso, que él mismo valide una frase que cuestiona el poder del dinero toca una fibra sensible en la narrativa aspiracional de nuestra generación.

Más que una confesión, la frase funciona como espejo cultural. Vivimos en una época donde el éxito financiero se muestra como meta absoluta, especialmente en redes sociales. Sin embargo, también es una generación que habla más abiertamente de salud mental, agotamiento y propósito.

Quizá la pregunta no es si el dinero compra felicidad, sino por qué seguimos esperando que lo haga. Y cuando alguien que lo tiene casi todo parece sugerir lo contrario, la conversación deja de ser económica y se vuelve existencial.