JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM
Shakira estaba en pleno concierto en El Salvador cuando ocurrió un momento que cualquier artista teme: una pequeña caída sobre el escenario. Nada aparatoso, nada grave, pero sí lo suficientemente visible como para que miles de personas lo notaran.

El incidente ocurrió mientras la colombiana continuaba con su show, en medio de la energía habitual de su presentación. Sin pausas largas ni dramatismo, Shakira se levantó casi de inmediato y siguió cantando como si el tropiezo hubiera sido solo parte de la coreografía.

Más allá del momento puntual, lo que llamó la atención fue su reacción. En una industria donde cada error suele amplificarse en redes, la cantante eligió no detener el espectáculo ni convertir el incidente en protagonista. Simplemente siguió. Profesionalismo puro, del que se nota solo cuando las cosas no salen perfectas.

Porque en el fondo, este tipo de momentos recuerdan algo básico pero poderoso: incluso las superestrellas son humanas. La diferencia está en cómo enfrentan esos segundos incómodos frente al público y qué tan firmes se mantienen cuando el cuerpo falla, pero la experiencia manda.

Shakira no necesitó disculpas ni explicaciones. Se levantó, continuó y dejó claro por qué sigue siendo una de las artistas más sólidas del pop latino, dentro y fuera del escenario.