JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM
Nicki Minaj suma un nuevo hito a su carrera, esta vez fuera del escenario. De acuerdo con la información que ha circulado públicamente, la artista habría recibido la llamada Tarjeta Dorada, un estatus migratorio especial que otorga residencia legal permanente en Estados Unidos bajo esquemas discrecionales.

Este tipo de residencia no es común y, según lo que se ha dicho públicamente, se ha utilizado en casos muy específicos durante la administración de Donald Trump. Su otorgamiento suele estar vinculado a inversión, impacto económico o relevancia estratégica, especialmente en figuras con alto perfil internacional.

Aunque Nicki Minaj llevaba años viviendo y trabajando en Estados Unidos, este estatus formalizaría por completo su situación migratoria, otorgándole derechos plenos de residencia y eliminando posibles limitaciones administrativas a futuro. En su caso, su influencia global, sus negocios dentro de la industria musical y su peso económico habrían sido factores clave.

Más allá del trámite legal, el caso de Minaj pone sobre la mesa una realidad incómoda pero evidente: no todas las trayectorias migratorias pesan lo mismo. El capital cultural, la industria y el dinero también juegan un papel decisivo en cómo los países definen quién es “bienvenido”.

Hasta el momento, no hay un anuncio oficial detallado por parte de las autoridades migratorias, y la información se basa en lo que se ha difundido en torno a este estatus especial. Aun así, el mensaje simbólico es claro: Nicki Minaj no solo es una figura dominante del pop, también es una pieza relevante dentro del engranaje económico y cultural estadounidense.