JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM
Bad Bunny es uno de los artistas más exitosos del planeta. Agota boletos, domina charts y mueve millones. Por eso la pregunta parece lógica: ¿cómo es posible que no reciba ni un dólar por cantar en el Super Bowl?

Aunque suene increíble, ningún artista cobra por el show de medio tiempo del Super Bowl. Es una regla no escrita de la NFL que se mantiene desde hace años. La liga cubre los costos de producción, pero el artista no recibe un pago directo por su actuación.

Entonces, ¿por qué aceptan? Porque el Super Bowl no es un concierto: es una vitrina global. Millones de personas viendo al mismo tiempo, impacto inmediato en streams, ventas, conversación cultural y posicionamiento histórico. Después del show, los números suelen dispararse.

Para Bad Bunny, no se trata de dinero, sino de narrativa. Estar ahí no lo hace más rico, pero sí lo coloca en otro nivel simbólico: el de los artistas que ya no necesitan probar nada, solo ocupar el espacio que les corresponde en la cultura global.

En la industria musical, no todos los escenarios se pagan con dinero. Algunos se pagan con historia. Y el Super Bowl es uno de esos lugares donde estar… ya es el premio.