JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM
Carlos Trejo volvió a ser tendencia, pero esta vez no por lo paranormal ni por su próxima pelea con Alfredo Adame, sino por un episodio ocurrido en Monterrey. El también escritor y personaje mediático acusó al hotel Safi de discriminación luego de que, según su versión, se le negara el acceso al área de desayunos por la ropa que vestía.

El incidente ocurrió mientras Trejo se encontraba en la ciudad para promocionar su participación en el evento Ring Royale. De acuerdo con lo que él mismo narró públicamente, personal del hotel le habría impedido el paso argumentando que su vestimenta podía “ofender” a otros huéspedes.

Visiblemente molesto, Trejo expresó su inconformidad en un mensaje donde aseguró que no tolera la discriminación y que, como mexicano, considera que los espacios deberían ser de unión y no de exclusión. En sus declaraciones —que incluyeron lenguaje altisonante— también afirmó que decidió abandonar el hotel, no recomendarlo públicamente y trasladarse a uno cercano donde, según dijo, recibió mejor trato.

Más allá del personaje y de su historial de polémicas, el episodio reabre una conversación recurrente: los códigos de vestimenta en hoteles y restaurantes, y la línea entre normas internas y discriminación. ¿Se trata de mantener una “imagen” o de filtrar a las personas por su apariencia?

Hasta ahora, no hay una postura pública del hotel Safi sobre lo ocurrido, y todo se basa en el testimonio del propio Trejo. Sin embargo, el caso se suma a otros debates similares donde la ropa, el origen o la percepción social se convierten en filtros de acceso.

En un país donde la palabra “clasismo” aparece cada vez más en la conversación pública, este tipo de situaciones incomodan porque obligan a preguntarnos algo básico: ¿quién decide quién sí y quién no pertenece a ciertos espacios?