JOAB LEVI APAEZ ESTRADA / 91.5FM

Los realities de los 2000 vivían del exceso. Pero hubo un momento en que el guion pareció desaparecer. Durante una emisión de Rock of Love Charm School, Sharon Osbourne pasó de mentora estricta a defensora implacable en cuestión de segundos.

El programa —derivado de Rock of Love— reunía a participantes eliminadas para enseñarles “modales” frente a las cámaras. En medio de una discusión con la modelo Megan Hauserman, Sharon lanzó un comentario hiriente después de que la joven mencionara que su perro estaba siendo esterilizado. La tensión escaló rápidamente.

La situación explotó cuando Hauserman respondió con una frase dirigida al esposo de Sharon, el legendario líder de Black Sabbath, Ozzy Osbourne. El comentario fue interpretado como un ataque directo a su estado de salud en ese momento. Según lo que se vio en pantalla, Sharon reaccionó lanzándole un vaso de jugo y abalanzándose sobre ella.

“Se pueden meter conmigo, no me importa. Pero no se metan con mi familia”, fue la frase que marcó el cierre del enfrentamiento, luego de que la discusión terminara en empujones y extensiones arrancadas.

Más allá del escándalo, el episodio se convirtió en un símbolo de la televisión de aquella década: intensa, poco filtrada y emocionalmente cruda. Hoy, en tiempos donde todo se mide y se modera, ese tipo de momentos parecen casi imposibles.

La escena quedó archivada como uno de esos instantes donde la cultura pop mostró su lado más visceral. Porque si algo dejó claro Sharon esa noche es que hay límites que, frente a millones de espectadores, también se defienden.